Un paño gris inunda mi cuerpo, porque no decir que también el ser que existe sin que nadie exista. Un paño gris a modo de velo toma el color de mi piel y ya no soy yo la que apela a su no existencia, solo me reflejo empapada de aquella sensación de levedad absoluta. Me entrometo en mi vida como un gusano a punto de transformarse en mariposa y sin ningún rumbo más que desprenderse de aquel caparazón que no lo deja ser libre sacando sus hermosas alas llenas de sangre de sus antepasados, sangre que irradiará su cuerpo para hacerlo vivo nuevamente, para acumular su potencial y derramarlo a quien se le plazca. Responder día a día miles de preguntas relacionadas a miles de sucesos relacionados a miles de situaciones relacionadas a miles de miles y de miles de estupideces banales, kilogramos de frutas se cubren con mi piel, dos peras en mis pechos enredadas en miles de células conforman mi sexualidad, y una gran guayaba mi vientre, mi herencia. Homo sapienssssss!!!!!!! ¡Cómo descubrir a los antepasados! la historia como fruto de la categorización de elementos racionalizados por la mente humana, ¿cómo realmente llegar al origen?, su nombre lo dice; historia… la vida, el pasar del tiempo, que en muchas ocasiones no pasa, pero igualmente avanza día a día, carcomiendo a miles de personas en su ciclo que no deja de continuar. Romeros afloran en las carnes de los subsuelos, romeros florecidos, enloquecidos de pavor por la incertidumbre del más allá, de lo lejano, de lo no advertido, de lo inesperanzado de un todo. Un paño gris nubla mis ojos, pero mis pupilas, fuertes guerreras dieron un giro de noventa grados, y mi mirada aún puede observar el flujo de la absolutidad de lo no absoluto.